La iniciativa busca terminar con el «peso invisible del uniforme» y replicar el exitoso modelo preventivo de Malalhue, asegurando que la valentía no sea sinónimo de trauma silencioso por falta de recursos.
Mientras en países desarrollados el apoyo psicológico post-tragedia es una norma estricta y profesionalizada, en Chile la falta de recursos ha dejado históricamente a nuestros bomberos enfrentando el horror de los accidentes fatales en absoluta soledad emocional. Ante esta deuda, el Consejero Regional Ariel Muñoz ha decidido levantar la voz y proponer un cambio de paradigma: salud mental garantizada para los voluntarios de la región.
El trauma detrás de la emergencia
El voluntariado en Bomberos no solo exige destreza física; implica una exposición constante a la muerte y el dolor ajeno. «Sabemos que nuestros bomberos están expuestos a presiones extremas: accidentes de tránsito trágicos y la pérdida de vidas humanas. Todo ello deja huellas que no siempre se ven, pero que existen», señaló Muñoz.
A pesar de que el Gobierno Regional ha realizado importantes esfuerzos en la entrega de carros y equipamiento, el CORE enfatiza que el factor humano no puede quedar postergado. El objetivo es que el apoyo no sea una excepción o un favor, sino una política institucional.
El «Modelo Malalhue»: El faro de la propuesta
La iniciativa de Muñoz se sustenta en un caso de éxito local. En Malalhue, los bomberos y el equipo de salud mental del CESFAM han desarrollado un programa de acompañamiento que hoy es referente.
«Lo que ocurre en Malalhue es un ejemplo inspirador. Es un programa nacido desde el territorio que reconoce los traumas y la carga emocional de los voluntarios. Ese esfuerzo es el faro que debe guiar una red sostenida para toda nuestra región», afirmó el Consejero.
Una conversación urgente en el Consejo Regional
Ariel Muñoz planteará ante el cuerpo colegiado la necesidad de avanzar hacia un programa regional de acompañamiento profesional permanente. La propuesta busca que los voluntarios cuenten con:
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Espacios de contención técnica tras emergencias de alto impacto.
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Herramientas preventivas para el manejo del estrés post-traumático.
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Respaldo profesional acorde a la magnitud de la labor que realizan.
«No se trata de instalar una promesa, sino de abrir una conversación necesaria y urgente en el Consejo Regional. Si queremos que ellos nos sigan brindando seguridad en los momentos más difíciles, nosotros debemos garantizar su respaldo emocional. Es una tarea pendiente que merece estar en la agenda regional hoy mismo», sentenció Muñoz.



